Archivos para 29 noviembre 2010

The Dark Side of the Moon

Acabo de ver Moon y mientras aún suena la música de los créditos, he decidido sentarme a escribir sobre ella. Porque es una película de ciencia ficción que sabe construir su trama alrededor del factor esencial de toda historia: el factor humano. Y es, al fin y al cabo, cómo Déjame entrar, un ejemplo magistral de lo sugerente que puede llegar a ser el fuera de campo; un fuera de campo que, en este caso, ni siquiera es real.

Al principio de la película vemos cómo es la vida de Sam, el único empleado de una base lunar que sirve para abastecer energéticamente a la Tierra. Pero un accidente hace que su rutina cambie y con el cambio comprendemos, como nunca, el carácter cíclico de su vida, el funcionamiento de todo el engranaje.

Somos capaces de palpar la soledad de este astronauta, que no tiene adonde ir, que no pertenece a ningún sitio, pues su lugar ya lo ocupó otro. Sueña, tiene recuerdos de cosas, pero nunca las vivió, ni las vivirá. En toda su desesperación se aferra a un amor imposible, que tampoco vivió ni vivirá, que es un ideal, y que, sin embargo, siente como suyo, aun consciente de su irrealidad. Su vida carece de un sentido propio, pero finalmente encuentra una fisura en el ciclo, una vía de escape que le permite alejarse, abandonar su invisibilidad en la cara oculta de la luna.

Quien no haya visto Moon no entenderá nada de esto, pero le recomiendo que vea la película. Para quien la haya visto, esto es sólo una reflexión poética a partir de la película.

Miguel Esteban Rebagliato

Universos paralelos

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre Fringe y The Event, y creo que, a pesar de las malas noticias que estos días rodean a Fringe, éste es el mejor momento para hablar de estas series. Y es que, además, en los episodios más recientes de ambas, la experimentación con niños se ha convertido en uno de los temas principales en las trama, una analogía que ayuda a comparar las dos series entre sí.

Todo el mundo sabe que, cuando J. J. Abrams empezó la primera temporada de Fringe, todavía estaba un poco perdido, y no precisamente porque intentara imitar la propuesta de su anterior serie (aunque el avión de su episodio piloto nos recordara al del vuelo de Oceanic), sino porque el rumbo que iba a tomar su nueva serie no estaba todavía bien definido. Parecía que no tenía ninguna prisa en iniciar una trama para toda la temporada, que la fórmula de los episodios autoconclusivos le bastaba, pero la gran historia que empezó a desarrollar a mitad temporada acabó por cautivarnos a muchos.

La segunda temporada continuó de una manera muy acertada con esta historia de grandes proporciones, mientras iba construyendo poco a poco una mitología muy particular para la serie, con los cambiaformas, los observadores y, sobre todo, con los universos paralelos. Y ahora mismo la tercera temporada, la mejor hasta la fecha, está sabiendo explotar todas las posibilidades que esta mitología, tan bien construida, proporciona. Pero puede que éste sea el momento culminante de Fringe, si los rumores de posible cancelación acaban por confirmarse. Las audiencias mandan, sobre todo en canales que no son de pago. Habrá que vigilar cómo tratan a la serie los espectadores estadounidenses a partir de enero, en su nuevo y funesto horario de los viernes por la noche.

Por otra parte, tenemos The Event, un proyecto de la NBC que ha empezado a emitirse esta temporada. Muchos la señalaron desde un principio como el nuevo intento de sustituir a Perdidos, pero el problema es que, después del caso Flashforward, esto genera mucho escepticismo. Puede que, frente a Perdidos, las intenciones sean las mismas, el target sea el mismo, pero al final la calidad de los contenidos no resulta ser, ni mucho menos, la misma.

The Event empezó con un ritmo muy elevado, mucho salto temporal y atractivos juegos de perspectiva. El espectador no tenía ni un momento para pararse a pensar en lo que estaba viendo, al contrario de lo que ocurre en otras series como Mad Men o Breaking Bad, cuyos ritmos pausados invitan constantemente a la reflexión. Con The Event el espectador se sentía desde el principio atraído por sus formas, pero era cuestión de tiempo descubrir si el contenido, lo que había detrás de toda esta superficie, merecía la pena. Tras varios episodios, la serie ha acabado bajando el ritmo, adoptando uno mucho más convencional y al mismo tiempo menos atractivo.

Y con esto llegamos a la cuestión de la experimentación con niños. Sin duda, resulta un tema muy recurrente, pues ya se usó en Perdidos Fringe lo ha tratado varias veces, sobre todo con el experimento del cortexifan, pero también en la investigación del último episodio. Ahora The Event también ha decidido introducirlo como parte de su trama y esto precisamente pone en evidencia otro de los problemas de la serie: mientras que Fringe ha sabido crear su(s) propio(s) universo(s), The Event acaba recurriendo a tópicos y elementos de éxito de otras series, como los accidentes de avión, el electromagnetismo y los flashbacks dedicados a un único personaje cada episodio.

Después de un tiempo hemos podido ver lo que hay detrás de The Event y hemos descubierto, sin mucha sorpresa, que el interior está medio vacío. Hasta ahora, los personajes que nos han mostrado son bastante planos. Sean Walker se nos aparece como un hombre persistente, que no abandona su propósito, pero ¿es que, como personaje, no le pasa nada más? Es, al fin y al cabo, verdaderamente plano. ¿Dónde está en The Event la complejidad de un personaje como Walter Bishop de Fringe?

Ya se sabe que a las series hay que darles tiempo, y Fringe es precisamente un ejemplo que ilustra muy bien esto, pero por el momento The Event, aunque es capaz de entretener e intrigar, no está a la altura.

De todas formas, como decía, en los últimos episodios de The Event y Fringe hemos visto cómo se experimentaba con niños, les robaban su juventud y se beneficiaban de ella. Esperemos que por lo menos el negocio televisivo no decida explotar estas dos series, absorber todo su potencial y después desecharlas. Ojalá las dejen crecer poco a poco. Quizá The Event mejore con el tiempo, pero desde luego Fringe puede convertirse en una serie realmente grande.

Miguel Esteban Rebagliato

“Die-die”: una familia poco convencional

(No recomiendo leer esta entrada a quien no haya visto el noveno episodio de la quinta temporada de Dexter)

No es frecuente que decida escribir dos semanas seguidas sobre la misma serie, pero el rumbo que está tomando la última temporada de Dexter me está encantando. Ya vimos a nuestro querido asesino en serie jugando a las casitas la temporada anterior. Dexter vivía el sueño americano de una manera muy particular, pero siempre guardando las apariencias, según las reglas de Rita. Y probablemente más de uno deseamos que se olvidara de eso de matar a criminales, que disfrutara de su vida, sin más. ¿Acaso a alguien no le caía bien Rita?

Dexter perdió su oportunidad, pero ahora, en un escenario totalmente diferente, hemos podido volver a verlo jugando a las casitas, esta vez a su manera. Ha sido una situación muy extravagante que se juntaran, en la casa de su antiguo matrimonio, Lumen, víctima de varias violaciones y de un secuestro; Astor, la hijastra de Dexter, un tanto ebria en este caso; su amiga, maltratada por su padrastro, y Harrison, un bebé cuyas primeras palabras fueron “die-die”, lo que extrañamente no ha vuelto a preocupar a nadie. Sin duda el resultado de esto ha sido el retrato de una familia totalmente disfuncional, bastante más que la de Arthur Mitchell la temporada pasada, pero no podíamos esperar otra cosa de Dexter.

Ha sido una situación azarosa, un mero recurso de guión, lo que ha juntado a estos personajes. Sin embargo, ha permitido que Dexter hiciera lo que no hizo la temporada anterior: ocuparse realmente de su familia, estar ahí para ellos. Aunque ya sabemos que sus métodos para resolver problemas familiares no son precisamente muy ortodoxos, como ya comprobamos cuando se encargó del ex-marido de Rita, Paul (que en otra vida decidió convertirse en un semidiós de una isla perdida, para acabar siendo asesinado por orden de un calvo vaporoso). En este caso, Dexter decide solucionar el problema con una  clase de anatomía poco convencional:

Al final de este fragmento escuchamos a Harry decirle a Dexter (parece que a Michael C. Hall le gusta salir hablando con sus difuntos padres en todas las series que hace) que, si hubiera sabido de lo que era capaz, no le habría llevado por ese camino, es decir, que no le habría enseñado a ser un asesino en serie profesional. Una vez más nos encontramos con otra forma de mostrar cómo se podría negar toda una serie, un recurso al que ya hice referencia cuando escribí sobre The Walking Dead.

Y este detalle, que puede haber pasado desapercibido para alguno, nos hace reflexionar sobre el título del episodio, Teenage Wasteland, cargado de una interesante ambigüedad. Podemos pensar en la adolescencia de la amiga de Astor, echada a perder por su padrastro, pero también podemos pensar en la adolescencia de Dexter, ¿también echada a perder por su padrastro?

Si bien toda historia familiar ha sido el núcleo del episodio, también hemos podido ver otras cosas relevantes. Dexter ha ido estrechando el cerco sobre Jordan Chase, para lo que ha tenido que sufrir unas sesiones que, más que de autoayuda, parecen de gimnasio, aunque probablemente sean más caras. Pero los líos familiares han hecho que Dexter no estuviera muy atento y el episodio pudiera acabar con ese poderoso cliffhanger. He de reconocer que me equivoqué: el método de Jordan Chase no estaba basado en Nietzsche, según nos ha confesado, sino en Platón.

El resto de historias están muy bien construidas (no como muchas historias de relleno que hemos visto últimamente en True Blood). Esta semana hemos podido ver los que parecen ser los intereses de Laguerta al mando de Homicidios. Sin embargo, en ninguna serie vamos a poder ver la complejidad con la que The Wire, que tan fascinado me tiene últimamente, trata la corrupción policial, sus intereses ocultos y la escalada al poder de sus oficiales. Al lado de The Wire, las historias policiales que vemos en Dexter no impresionan, pero al menos funcionan muy bien como complemento a la trama principal de nuestro asesino en serie.

Esta semana Dexter ha vuelto a traer un episodio muy bueno. Sólo quedan tres para que acabe la temporada y todo está empezando a ser muy interesante. Lo que hasta ahora hemos podido ver apunta a que tendremos una gran finale.

Miguel Esteban Rebagliato

El oscuro pasajero

Resulta curioso cómo algunas de las mejores series de los últimos años consiguen hacer que nos identifiquemos con personajes moralmente muy distantes a nosotros, incluso opuestos. Dexter es un caso paradigmático.

Por mucho que estemos en contra de la pena de muerte, no juzgamos a Dexter cada vez que asesina a criminales, sino que nos metemos en su piel sin ningún reparo y vivimos sus experiencias. Y en parte nos identificamos con él porque es diferente, como nos muestra a través de la voz en off, un recurso muy bueno para entender al personaje. Como Dexter, ¿quién no se ha sentido diferente a los demás alguna vez?

De esta forma, en la serie coexisten dos mundos, dos identidades: la del Dexter forense, que cuida de su familia, y la del Dexter asesino en serie. En las primeras temporadas lo vemos totalmente sumergido en su mundo oscuro, al mismo tiempo que con mucha habilidad mantiene las apariencias en su mundo humano, por llamarlo de alguna manera. Sin embargo, como toda buena serie, vemos una evolución en el personaje y en la relación entre ambos mundos.

Por un lado, Dexter va progresivamente humanizándose, gracias a la relación con Rita, con Debra y posteriormente gracias a Harrison. Lo que para él empieza siendo una manera de guardar las apariencias al final acaba siendo lo que le hace apreciar ese mundo humano. Pero todos sabemos que Dexter nunca abandonará al oscuro pasajero, o al menos no en un futuro muy cercano.

Por otro lado, sin embargo, vemos a otros personajes merodear por el mismo mundo oscuro que Dexter. Vemos a Miguel Prado asentarse en este mundo, una muestra de cómo la oscuridad de Dexter incluso salpica al poder; pero también vemos en el episodio de esta semana a Debra, que acaba de matar a un asesino en un tiroteo, tener una irónica conversación con Dexter en la que confiesa no sentir ningún atisbo de culpa. Vemos a este grupo de autoayuda, que parece sacado de una interpretación muy nazi de Nietzsche, totalmente inmiscuido en ese mundo oscuro. I’ve never been around so many people that made me feel normal, le oímos decir a Dexter cuando asiste a una de sus conferencias y se ve rodeado de fanáticos, lo que ejemplifica muy bien esto.

En definitiva, vemos a lo largo de las temporadas cómo ambos mundos se van acercando. Pero no colisionan como los universos paralelos de Fringe, sino que se van integrando, poco a poco. Y en medio de todo esto llega Lumen.

Lumen es una víctima de violación, secuestro y otros abusos, pero su deseo de venganza le introduce en el oscuro mundo de Dexter. Y Dexter la bautiza en sangre. Rita nunca podría haber entendido su segunda vida, pero parece que Lumen sí.

De aquí está surgiendo una relación muy interesante entre ambos, el pilar principal de la temporada y, en mi opinión, su punto fuerte. Esta quinta temporada empezó lenta, pues así era necesario para recuperarse del final trágico de la anterior, y el caso policial que parecía ser el principal no eratan atractivo como el del asesino del hielo o el de Trinity en otras temporadas. Ahora vemos, sin embargo, que eso sólo nos estaba preparando para el plato fuerte de esta temporada, la oscura relación entre Dexter y Lumen.

Una vez más, bravo por Dexter y, no vayamos a olvidarlo, también bravo por ese gran actor que es Michael C. Hall, que tan buen papel hizo en Six Feet Under y tan bien lo está haciendo en Dexter. Guste o no, everything is illumenated.

Miguel Esteban Rebagliato

“We have to go back!”

Somos muchos los que, meses después del final de Lost, aún seguimos pensando en la Isla, sus personajes y, sobre todo, en su gran historia. Esta mañana he descubierto The Island, un nuevo proyecto que pretende revisar toda la serie siguiendo el orden cronológico de la trama. Empezaremos con el nacimiento de Jacob y su hermano, seguiremos con Richard Alpert y la Iniciativa Dharma, y acabaremos con toda la historia de los pasajeros del vuelo de Oceanic y de Ajira.

Sin embargo, quizá a Lost no le siente tan bien la linealidad temporal, pues uno de sus puntos fuertes era precisamente los saltos temporales. En cualquier caso, es una forma novedosa de ver los episodios, que nos ayudará a recordar la serie y quizá a atar algunos cabos que se nos quedaron sueltos. Tengo curiosidad por ver cómo quedarán todos los flashbacks de los personajes juntos, los flashforwards y, lo que más me intriga, los flashsideways.

Los episodios los irán subiendo semanalmente a su blog, The Island. De momento pueden descargarse en varios enlaces de 720p en Megaupload, pero aseguran que pronto también subirán los episodios a Megavideo. Espero que puedan acabar el proyecto y nadie les ponga ningún tipo de impedimento.

¿Qué os parece? ¿Creéis que es una iniciativa interesante o no tenéis ninguna intención de volver a ver la serie?

Miguel Esteban Rebagliato

Psicoanalizando las series

(Esta entrada fue publicada en Rodando por la red)

Es por todos sabido que en los últimos años el audiovisual y, sobre todo las series, han generado un gran movimiento en Internet. Blogs y foros se llenan de comentarios tras las emisión de las series más populares y la red es un instrumento muy útil para la promoción de películas, según explicaba Nacho Vigalondo. Sin embargo, nunca había visto una iniciativa como la que encontré esta semana: un proyecto para analizar psicológicamente a los personajes de varias series.

Si bien no es la primera vez que se estudia alguna serie desde un punto de vista académico, pues ya hay libros como Perdidos. La filosofía o Los Soprano y la filosofía, sí es la primera vez que veo una iniciativa así en la red. Daniel Encinas, licenciado en Psicología de 23 años, ha creado este proyecto.

¿Es el protagonista de Dexter un psicópata? ¿Es Barney Stinson (Cómo conocí a vuestra madre) un narcisista? ¿Tiene Walter Bishop (Fringe) algún desorden de la personalidad?


Daniel Encinas pretende responder estas preguntas y elaborar perfiles psicológicos de los personajes, pero para ello necesita la ayuda de los aficionados a estas series. Ha creado un cuestionario para cada personaje (todo seguidor de Fringe sabe que harían falta dos para Walter), en el que cada uno debe responder unas preguntas poniéndose la piel del personaje. Es un poco largo y acaba siendo un poco repetitivo, pero eso ya son cosas de psicólogos que no podemos juzgar.

¿No pensáis que es una iniciativa interesante? Creo que merece la pena el esfuerzo, los resultados pueden ser muy curiosos. Yo ya he hecho el cuestionario de Dexter y me parece que nuestro asesino favorito no va a librarse de la incómoda etiqueta de psicópata.

Podéis encontrar todo en la página del proyecto, Psicoseries. Y si alguien está interesado en conocer las novedades de esta iniciativa, tiene también a su disposición una página de Facebook.

Proyectos como Psicoseries demuestran, una vez más, cómo Internet puede ser un medio muy útil para complementar el visionado de contenidos audiovisuales, como también puede observarse con otros ejemplos como el podcast de Treme, sobre el que ya escribí la semana pasada.

Miguel Esteban Rebagliato

Un mal despertar

Un mal día lo tiene cualquiera, pero probablemente nadie tenga ni de lejos uno tan malo como el de Rick Grimes en el primer episodio de The Walking Dead. Ayer empecé a ver, con bastantes días de retraso, la nueva producción de la AMC, y no es que sea un aficionado del cine de zombies, ni tenga especial interés por estas bellas criaturas, pero el primer episodio me dejó con muy buena impresión.

Sin duda, lo que más me gustó fue esa grandiosa elipsis temporal de la primera parte del episodio. Rick Grimes (Andrew Lincoln), el protagonista de The Walking Dead, es ingresado en el hospital por una herida de bala y, cuando despierta, toda la ciudad está llena de zombies. Es una manera muy directa de introducir la trama, un mecanismo muy elegante para hacer que vayamos descubriendo, al mismo tiempo que el protagonista, la situación en la que el mundo se ha quedado.

Pero el espectador sabe de sobra que va a ver una serie de zombies y The Walking Dead juega con esto, poniendo como primera escena un flashforward en el que el protagonista acaba matando a una niña zombie. Breaking Bad, la gran serie de la AMC junto con Mad Men, también empezaba con un flashforward, pero en ese caso el futuro de nuestro amigo Walter White, en calzoncillos en medio del desierto, era casi más negro que el de Rick Grimes.

Casi todo lo demás de este primer episodio de The Walking Dead se reduce a ver a unos cuantos personajes deambular, intentar sobrevivir y matar a unos cuantos zombies. Al protagonista le entra un extraño sentido del deber y se viste con su uniforme de ayudante de sheriff, sombrero incluido. Por suerte parece que la serie se centrará en los personajes, en la supervivencia en condiciones de vida extremas, un enfoque muy interesante que ha dado muy buenos resultados en series como Perdidos. Al menos ése nos dijeron que sería el enfoque cuando nos hablaron de la serie en el taller de Producción original internacional del Festival de Series. Quien haya visto ya el segundo episodio probablemente lo sabrá.

Las últimas escenas en la ciudad de Atlanta son espectaculares, con el protagonista huyendo a caballo de una gran multitud de zombies. Ante esta situación, Rick Grimes no puede escapar y está a punto de abandonar y suicidarse.

Y es que parece que a los guionistas de las series les guste jugar con la idea de matar al protagonista en el primer episodio. Si recordamos bien, en el piloto de Breaking Bad Walter estaba a punto de suicidarse por pura desesperación. También los creadores de Perdidos comentaron en alguna entrevista que inicialmente pretendían que Jack Shephard muriera en los primeros episodios de la serie. Parece que les gusta tantear esta posibilidad, la de la serie que se niega a sí misma. Esto muestra la fragilidad de una serie, que puede ser cancelada a los pocos episodios, o que no existiría como tal si el protagonista muriera en el primer episodio.

Pero al final Rick Grimes consigue salvarse (“Hey you, dumbass. You in the tank. Cozy in there?”). La única víctima es el caballo, al que Rick había prometido que encontraría más caballos amigos en Atlanta y que, sin embargo, acaba siendo devorado por los zombies. Cierra el episodio un plano cenital que se va alejando poco a poco del cadáver del caballo, al más puro estilo de True Blood, cuando al final del segundo episodio de la segunda temporada Eric y compañía se lanzan sobre su presa. Aunque los vampiros tienen mucho más estilo que los zombies.

Las referencias siempre están presentes implícitamente. Probablemente quien haya comentado The Walking Dead habrá comparado la serie con las películas más famosas de zombies, pero yo no conozco el género, no puedo hacer esto. Si alguien quiere sacarme de mi ignorancia, que me recomiende películas de zombies.

Miguel Esteban Rebagliato

Autor

Miguel Esteban Rebagliato

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