“Die-die”: una familia poco convencional

(No recomiendo leer esta entrada a quien no haya visto el noveno episodio de la quinta temporada de Dexter)

No es frecuente que decida escribir dos semanas seguidas sobre la misma serie, pero el rumbo que está tomando la última temporada de Dexter me está encantando. Ya vimos a nuestro querido asesino en serie jugando a las casitas la temporada anterior. Dexter vivía el sueño americano de una manera muy particular, pero siempre guardando las apariencias, según las reglas de Rita. Y probablemente más de uno deseamos que se olvidara de eso de matar a criminales, que disfrutara de su vida, sin más. ¿Acaso a alguien no le caía bien Rita?

Dexter perdió su oportunidad, pero ahora, en un escenario totalmente diferente, hemos podido volver a verlo jugando a las casitas, esta vez a su manera. Ha sido una situación muy extravagante que se juntaran, en la casa de su antiguo matrimonio, Lumen, víctima de varias violaciones y de un secuestro; Astor, la hijastra de Dexter, un tanto ebria en este caso; su amiga, maltratada por su padrastro, y Harrison, un bebé cuyas primeras palabras fueron “die-die”, lo que extrañamente no ha vuelto a preocupar a nadie. Sin duda el resultado de esto ha sido el retrato de una familia totalmente disfuncional, bastante más que la de Arthur Mitchell la temporada pasada, pero no podíamos esperar otra cosa de Dexter.

Ha sido una situación azarosa, un mero recurso de guión, lo que ha juntado a estos personajes. Sin embargo, ha permitido que Dexter hiciera lo que no hizo la temporada anterior: ocuparse realmente de su familia, estar ahí para ellos. Aunque ya sabemos que sus métodos para resolver problemas familiares no son precisamente muy ortodoxos, como ya comprobamos cuando se encargó del ex-marido de Rita, Paul (que en otra vida decidió convertirse en un semidiós de una isla perdida, para acabar siendo asesinado por orden de un calvo vaporoso). En este caso, Dexter decide solucionar el problema con una  clase de anatomía poco convencional:

Al final de este fragmento escuchamos a Harry decirle a Dexter (parece que a Michael C. Hall le gusta salir hablando con sus difuntos padres en todas las series que hace) que, si hubiera sabido de lo que era capaz, no le habría llevado por ese camino, es decir, que no le habría enseñado a ser un asesino en serie profesional. Una vez más nos encontramos con otra forma de mostrar cómo se podría negar toda una serie, un recurso al que ya hice referencia cuando escribí sobre The Walking Dead.

Y este detalle, que puede haber pasado desapercibido para alguno, nos hace reflexionar sobre el título del episodio, Teenage Wasteland, cargado de una interesante ambigüedad. Podemos pensar en la adolescencia de la amiga de Astor, echada a perder por su padrastro, pero también podemos pensar en la adolescencia de Dexter, ¿también echada a perder por su padrastro?

Si bien toda historia familiar ha sido el núcleo del episodio, también hemos podido ver otras cosas relevantes. Dexter ha ido estrechando el cerco sobre Jordan Chase, para lo que ha tenido que sufrir unas sesiones que, más que de autoayuda, parecen de gimnasio, aunque probablemente sean más caras. Pero los líos familiares han hecho que Dexter no estuviera muy atento y el episodio pudiera acabar con ese poderoso cliffhanger. He de reconocer que me equivoqué: el método de Jordan Chase no estaba basado en Nietzsche, según nos ha confesado, sino en Platón.

El resto de historias están muy bien construidas (no como muchas historias de relleno que hemos visto últimamente en True Blood). Esta semana hemos podido ver los que parecen ser los intereses de Laguerta al mando de Homicidios. Sin embargo, en ninguna serie vamos a poder ver la complejidad con la que The Wire, que tan fascinado me tiene últimamente, trata la corrupción policial, sus intereses ocultos y la escalada al poder de sus oficiales. Al lado de The Wire, las historias policiales que vemos en Dexter no impresionan, pero al menos funcionan muy bien como complemento a la trama principal de nuestro asesino en serie.

Esta semana Dexter ha vuelto a traer un episodio muy bueno. Sólo quedan tres para que acabe la temporada y todo está empezando a ser muy interesante. Lo que hasta ahora hemos podido ver apunta a que tendremos una gran finale.

Miguel Esteban Rebagliato
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1 Response to ““Die-die”: una familia poco convencional”


  1. 1 MJ 26 noviembre, 2010 en 15:17

    ¿Que si a alguien no le caía bien Rita? A mí. Y lo digo sin embarazo alguno. Rita fue un contrapunto y una compañera interesante (una víctima, como Lumen) en la primera temporada. Luego se fue convirtiendo en algo insufrible, un personaje pastelero, vulgar y plano. Su desarrollo culminó en el final de aquella tercera temporada (la peor, para mí) con la boda, una escena antidexteriana aliviada tan sólo por la gota de sangre accidentalmente derramada sobre el blanco del traje de novia, aquella gota que parecía guiñarnos un ojo a los desconsolados espectadores sobre lo efímero de la celebración. Su mejor momento, en la bañera, al final de la 4ª.
    No quiero parecer brutal, pero creo que no seguimos a Dexter esperando una redención, seguimos a Dexter porque el monstruo nos fascina, por mucho que nuestra conciencia moral y ética lo condene. Y Rita, y lo que Rita suponía, era la negación de Dexter. Queremos seguir al monstruo, mientras se pueda (que me parece que no debería ser mucho), no redimirlo. Para los caminos de la redención hay que volver a Dostoievski.
    😉


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