Archive for the 'Series' Category

The Wire, la serie perfecta

Sí, The Wire es la serie perfecta -digo dejándome llevar por el entusiasmo-. Nunca podré escribir la entrada perfecta que la serie merece, pero éste es mi intento. Tampoco incluiré spoilers porque quiero que leáis esto y algunos veáis la serie.

The Wire es un proyecto ambicioso, una serie sobre una ciudad entera, la ciudad de Baltimore (Maryland). En un principio parece que la serie trata sobre el tráfico de drogas y las investigaciones policiales asociadas a él y, de hecho, así es en la primera temporada, pero según avanza, la serie se va expandiendo hacia la política, la educación y, en definitiva, hacia las principales instituciones de una ciudad.

David Campos decía en los vídeos que hice en navidad que Lost era como un cuadro que se nos iba revelando poco a poco, hasta que al final se nos mostraba en su totalidad. Con The Wire ocurre lo mismo, pero en la serie de David Simon y Ed Burns es tal la inmensidad revelada que corremos el peligro de convertirnos en náufragos. Pero esto es lo magnífico de The Wire, es tan compleja, tan basta y a veces tan inabarcable como la realidad misma.

Y es que en The Wire la realidad y la ficción van de la mano. La serie no cuenta hechos reales, sus tramas son construcciones de ficción, pero todo lo subyacente que se desprende de las instituciones de Baltimore se intuye que no debe de estar muy lejos de ser una representación bastante fiel de la realidad, muchas veces fruto de las experiencias personales de los creadores: David Simon, periodista, y Ed Burns, profesor y policía. Frustados profesionalmente ante una ciudad que no funciona, saben plasmar perfectamente la corrupción, el exceso de burocracia, el arribismo y los intereses personales en los engranajes, oxidados, que deberían hacer funcionar la ciudad de Baltimore.

No es difícil pensar que David Simon durante toda la serie hace un símil entre lo que refleja del cuerpo de policía y lo que fue su propia experiencia en el Baltimore Sun. Ya por algún motivo una premonitoria cita suya encabezaba la web de nuestras prácticas de Periodismo Digital: “La gente que lleva los periódicos ya no respeta su propio producto”. Grande fue mi entusiasmo al ver en el opening de la última temporada -pues cada temporada tiene una versión diferente- una imprenta sacando las tiradas de un periódico. David Simon se lo tenía reservado: la prensa iba a ser la última víctima de The Wire.

Pero, sin duda, uno de los puntos clave de una serie son sus personajes, a quienes vamos a ver horas y horas en pantalla. Lo sorprendente es que, pese a que The Wire tiene muchas tramas en cada temporada y múltiples personajes en cada una de ellas, David Simon y Ed Burns se las ingenian para crear grandes personajes. Me apasionan Jimmy McNulty, Lester Freamon, Bubbs, Omar Little, Stringer Bell…, tanto de los “buenos” como de los “malos”, porque en realidad The Wire deja los juicios morales aparte y diluye con maestría la frontera entre el bien y el mal.

Puede que no sea una serie para todos, puede llegar a ser bastante minoritaria incluso, pero los amantes de las series largas y complejas que consigan adentrarse en The Wire disfrutarán de una de las mejores series que se han hecho nunca en la televisión. Desde que la acabé, tengo el síndrome post-thewire, ya pocas series me entusiasman. Por suerte, no nos hemos quedado completamente huérfanos y esta primavera volverá con su segunda temporada Treme, la última y más que recomendable creación de David Simon.

Miguel Esteban Rebagliato
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Shameless, la serie que llevaba tiempo esperando

Hoy quiero escribir sobre Shameless, la última serie que ha conseguido entusiasmarme. Se trata de uno de los estrenos de midseason de la cadena de cable estadounidense Showtime, responsable de DexterWeedsThe Big C, entre otras. Shameless desde el primer episodio me tiene enganchado. Como imagino que prácticamente nadie habrá visto ningún episodio, no voy a incluir ni un solo spoilerporque quiero que la veais.

La serie empieza con una voz en off presentando a los miembros de la familia protagonista, un recurso muy bueno para introducirnos a los personajes principales. Como escriben los de Todoseries en las estupendas reviews que están haciendo de Shameless, ya con los primeros minutos del piloto podemos saber si la serie nos va a gustar o no (y no cuesta nada probar la serie con este monólogo inicial, comprobar si nos interesa o no). Quien habla es nada más y nada menos que el padre soltero y alcohólico -muy alcohólico- de esta familia de seis hijos. Leed, leed, merece la pena (o confiad en mí y ved el principio de la serie, sin más):

Nadie está diciendo que nuestro vecindario sea el Jardín del Edén. Demonios, algunas personas dicen que  Dios evita este sitio totalmente, pero ha sido un buen hogar para nosotros… para mí y mis hijos, de quienes estoy orgulloso, porque cada uno de ellos me recuerda a un trocito de mí.

Fiona, mi roca, una enorme ayuda. Tiene todas las mejores cualidades de su madre, excepto que no es una furiosa perra psicópata. Lip, listo como un zorro. Siempre sobresalientes, el mejor de su clase. El chico tiene futuro. Ian, ambicioso, increíble ética de trabajo. No tengo ni idea de quién lo ha sacado. Quiere ser paracaidista. Sabe cómo destripar a un enemigo con un paquete de centavos y un calcetín viejo de gimnasia. Carl… Realmente no sé mucho acerca de Carl. Ama a los animales. Siempre arrastrando a casa pobres descarriados que encuentra, llevándolos a su habitación. Debbie, enviada por Dios, es un ángel. Reúne dinero para UNICEF todo el año, parte del cual entrega de hecho. Liam, será una estrella. No soy biólogo, pero se parece un poco a mi primer padrino. Él y la ex eran íntimos.

Kev y Veronica, unos vecinos fantásticos. No hay nada que no harían el uno por el otro. O el uno al otro. Nunca me di cuenta de lo poco que estaba mojando hasta que V y Kev se mudaron al lado. Y yo, Frank Gallagher, padre, maestro, mentor, capitán de nuestro pequeño barco. Puede que no tengamos mucho pero todos y cada uno de nosotros, sabemos la cosa más importante en esta vida… ¡Sabemos cómo hacer una puta fiesta!

Con estas palabras empieza Shameless, un remake de una célebre serie británica, homónima, pero desconocida para mí pese a ir ya por la octava temporada. ¿Y por qué estoy viendo la edición estadounidense? Pues no lo sé, porque empieza ahora, supongo, pero en cualquier caso el creador es el mismo en las dos series, Paul Abbott.

 

 

Echaba de menos una serie centrada en una familia, una serie que fuera más allá de los típicos 20 ó 30 minutos de las comedias habituales. Cada episodio de esta nueva serie de Showtime dura casi una hora y la verdad es que lo agradezco; la larga duración le permite desarrollar mejor los episodios. Para hacernos una idea, Shameless no es United States of Tara, también de Showtime; es algo más cercano a Six Feet Under (A dos metros bajo tierra en castellano, la genial serie de Alan Ball), aunque obviamente guardando ciertas distancias.

Una de las cosas que más me gustan de Shameless es que, también como Six Feet Under, tiene grandes personajes, con los que apenas tardas en simpatizar. También tiene un tono gamberro, como el que a veces aparecía en la serie de Alan Ball (me viene a la cabeza el pie que roba Claire de un muerto…), pero sin duda más propio de Misfits. Lo bueno, para mí, es que Shameless no tiene esa simpleza que me molestaba de Misfits y, aunque también tiene muchas escenas de sexo, explícito algunas veces, no se convierten en el elemento central de la serie, como ocurría en la serie británica de jóvenes delincuentes.

Shameless tiene una extraña mezcla entre drama y comedia, digna de los momentos más cómicos de Breaking Bad. El trasfondo es, sin duda, bastante dramático, pero el tratamiento es totalmente cómico, con algunos momentos que incluso llevan a la carcajada. Los personajes de la serie se han adaptado a su trágica situación y han aprendido a disfrutar sus vidas, igual que nosotros, espectadores, podemos disfrutar de esta prometedora serie que es Shameless.

Showtime la emite todos los domingos en Estados Unidos. Sólo lleva tres episodios por ahora. Es el momento de empezar a verla.

Miguel Esteban Rebagliato

El efecto luciérnaga

¡Fringe está de vuelta! Despues de la típica -y no por ello más llevadera-pausa que hacen las series norteamericanas por navidad, Fringe vuelve con fuerza. Y es que la mitología de la serie ha pasado de ser un trama recurrente en la primera y en la segunda temporada para convertirse en la maestra de orquesta de esta magnífica tercera temporada, y eso desemboca en capítulos como The Firefly (La luciérnaga en castellano). Peligro, si no has visto el capitulo, aún puedes regresar a tu realidad alternativa, porque a partir de aquí… spoilers.

El mismo título del capitulo (‘Firefly’) hace referencia directa a un tema principal de la serie: no hay acción sin repercusión. Y en lo que concerniente a Walter, estas repercusiones siempre desembocan en Peter. Pero empecemos por el principio. Walter se ha dado cuenta de que juega en inferioridad de condiciones frente a la basta (y completa) mente de Walternativo. Por eso ha decidido crear un suero que le rejuvenezca las neuronas y que cure su intelecto limitado.

Así es como un semidormido Peter lo encuentra, bajándose los pantalones listo para darse una inyección. Después de una interesante conversación entre padre e hijo (Walter… ¿Estás seguro de querer involucrarte en esto? Según William Bell, te quitó esas partes del cerebro por una razón… Porque tenías miedo en lo que te estabas convirtiendo) nos encontramos en lo que parece una residencia de ancianos.

Un jefe se seguridad observa cómo uno de los pacientes pasea solo por  los pasillos de la residencia. La enfermera de guardia le dice que es el señor Joyce, un sonámbulo, quien resulta ser, ni mas ni menos, Christopher Lloyd, el famoso profesor chiflado de la trilogía Regreso al futuro. De repetente, un misterioso joven aparece en el pasillo y se pone a conversar con el dormido señor Joyce. Cuando la enfermera y el guardia alcanzan al señor Joyce en el pasillo, este está solo y no recuerda nada, salvo que ha hablado con su hijo fallecido años atrás. La rotura de mandíbula viene en las imágenes siguientes, cuando vemos en las afueras de la residencia al joven que ha entrado a hablar con Joyce acompañado por el siempre misterioso Observer.

A la mañana siguiente, Olivia y compañía están en el asilo intentando descifrar el misterio del “hijo fantasma”. Joyce, que resulta ser una antigua estrella de rock de la que Walter es fan, es llevado al laboratorio del profesor Bhisop, donde es inducido a un estado de hipnosis, que intenta hacerle recordar mediante la música. A partir de aquí, nuestros protagonistas se ven lanzados en una carrera a contrarreloj para descubrir qué ha tratado de hacer el Observer llevando a un hijo difunto a conversar con su anciano padre.

Esto desembocará en el descubrimiento de que el Observer, al infringir la norma no escrita de no intervención salvando la vida a Peter, provocó un efecto luciernaga (o efecto mariposa, basado en la idea de que dadas unas condiciones iniciales, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes; sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande) que ahora está tratando de compensar.

Todo ello conduce a un clímax que nos sirve de entrada para los próximos capítulos . Y es que no hay duda de que Fringe ha vuelto , y lo ha hecho por la puerta grande.

Los famosos gliphs del episodio de esta semana The Firefly, han formado la palabra UNITES, o bien, UNE, en español.

David Campos Lainez

El coche del amor, la importancia de un cerrojo y otras historias

Esta semana ya han vuelto regularmente mis tres comedias favoritas de la televisión: The Big Bang Theory, Modern Family y Cómo conocí a vuestra madre, y no tengo ningún reparo en decir que, en general, el descanso y la larga digestión del pavo de Acción de Gracias les ha sentado bien. Atención, puede haber algunos spoilers, así que, si no habéis visto el episodio de esta semana de alguna de las series, saltaos esa parte y seguid leyendo a continuación.

El episodio de The Big Bang Theory ha sido de los mejores episodios que he visto en la serie en mucho tiempo, algo comparable a lo que fue Blitzgiving con Jorge García (Lost) en Cómo conocí a vuestra madre, sobre el que ya escribí hace un tiempo. El episodio ha tenido todos los ingredientes que hacen de Big Bang la serie cómica que es. Y lo más excepcional es que ha sabido combinar todo en su justa medida, otorgando a todos los personajes el mismo protagonismo y consiguiendo así un perfecto equilibrio.

A lo largo de seis grandes secuencias (el Cheesecake Factory con Penny, la preparación del viaje, el trayecto, la noche en el hotel, la conferencia y el viaje de vuelta) el episodio ha creado chistes y guiños a todos los elementos cómicos habituales en la serie: la obsesión de Sheldon por controlar todo y su ingenuidad en los temas más banales (¿Cómo puede no saber si están practicando el coito o no?), la obsesión de Leonard con Penny, la aproximación de ésta al mundo friki, los complejos sexuales de Howard, la afición de Raj por las pelis sensiblonas y su incapacidad para hablar delante de mujeres (buen momento cuando Leonard llama por teléfono a Bernadette: “Quiere que te diga que cuando Howard dice ‘siesta’, quiere decir ‘sexo'”)… Me gusta el personaje de Bernadette, discreta pero siempre efectiva y, respecto a Amy Farrah Fowler, me asusté en cuanto la vi, pero al final no resultó ser tan terrible. Grandioso episodio.

El episodio de Modern Family también ha sido muy bueno, aunque ha habido otros mejores durante esta segunda temporada, como el del cumpleaños de Manny. Como viene siendo habitual en la serie, ha habido tres tramas diferentes en el episodio, una por familia, y algunas de ellas han acabado confluyendo, en este caso la de Gloria y Jay con la de Phil y Claire.

La trama de Cam y Michel ha sido divertida, y también la de Gloria y Jay, por la confusión creada y los dobles sentidos, pero, sin duda, la mejor ha sido la de Phil y Claire. ¿Acaso hay algo universalmente más traumático para la infancia de un niño que pillar a sus padres teniendo relaciones sexuales? Puede ser traumático, pero las situaciones que se desencadenan a partir de ahí pueden ser muy cómicas también. Y la comicidad aumenta si se trata con la irresponsabilidad de estos padres, con una madre obsesionada y un padre desentendido. Divertido episodio.

En el caso de Cómo conocí a vuestra madre no comparto el entusiasmo. A la serie no le sienta nada bien el drama. Se nota que han intentado hacer avanzar la trama, continuándola desde donde se quedó en el episodio anterior, pero con el tiempo he llegado a valorar más los episodios autoconclusivos de esta habitualmente divertida serie. Igual que a Marshall durante el episodio, las bromas y los momentos cómicos de Last words no me han hecho gracia, exceptuando el bolso sin fondo de Robin, complemento ideal para un funeral.

Al final las últimas palabras del padre de Marshall me acaban dando igual. No me gustan los episodios de Cómo conocí a vuestra madre que terminan con una canción al final, como intentando sacar una moraleja, como intentando dar lecciones de vida. Fallido episodio.

Por qué no me ha gustado la primera temporada de Misfits

Hay dos cosas que me molestan de Misfits: su pobreza argumental y lo monotemática que llega a ser con el sexo. Me habían hablado muy bien de la serie, pero, después de haber visto la primera temporada, no comparto el entusiasmo de mucha gente por Misfits. Es una pena, con el buen opening que tiene…

No me siento identificado con sus personajes. Algunos me caen bien, me parecen simpáticos, de hecho. Sin embargo, sus conflictos no me interesan y eso no supone un buen punto de partida a la hora de buscar la complicidad con un personaje. No es una cuestión moral, desde luego, porque nunca he tenido problemas en identificarme con personajes como Tony Soprano (Los Soprano), Walter White (Breaking Bad) o Don Draper (Mad Men).

¿Es que acaso éste el retrato que se hace de la juventud? Ah, sí, son chicos problemáticos. Pero parece que quieren representar los intereses de toda juventud, como nos demuestra Nathan cuando en el último episodio saca toda su retórica:

Somos jóvenes, se supone que bebemos demasiado, se supone que tenemos malas actitudes y nos hacemos polvo el cerebro mutuamente. Estamos diseñados para la fiesta, es así. Sí, unos pocos tendremos sobredosis o nos volveremos locos. Pero Charles Darwin dijo que no puedes hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Y de eso se trata, de romper huevos.

Estoy de acuerdo en esta llamada a la rebeldía, pero en boca de este personaje todo mensaje se echa a perder. La motivación es buena, la actitud se pierde en lo gratuito, en el porque sí. Al final no acaba siendo más que una excusa a su imbecilidad (aunque con cierto encanto, he de reconocer).

El argumento de la serie, por su parte, deja mucho que desear. Empieza con un conflicto al principio, un buen punto de partida, pero su resolución se va alargando sin apenas aportar algo nuevo. Mientras tanto, casi todo lo que tenemos son relaciones entre los personajes. Y el sexo, cómo no, vuelve a ser el protagonista. Los adolescentes sobrehormonados estarán contentos con esta serie, el sexo está incluso más presente que en True Blood.

El episodio de los viajes en el tiempo de Curtis parece que rompe con la dinámica del resto de la serie, pero es bastante previsible en todo su transcurso. La mezcla de amor y viajes temporales le ha dado muy buenos resultados a Lost y Fringe, no a Misfits por el momento. En cambio, la historia del rarito en el penúltimo episodio sí que es algo diferente. Por lo menos resuelve de una vez la trama tan dilatada de la primera temporada y está protagonizada por un personaje que me parece medianamente interesante.

Que nadie me malinterprete. Misfits es entretenida y tiene momentos divertidos, pero el problema es que no tiene mucho más que eso. Le sobra sexo y le falta trama. Me dicen constantemente que la segunda temporada es mucho mejor y al menos en el último episodio de la primera temporada he visto un pequeño cambio de rumbo. Se introducía más trama y terminaba con un final bastante divertido, que parece que puede dar bastante juego para los siguientes episodios. Seguiré dando más oportunidades a Misfits, pero la primera temporada no me ha gustado.

Cruzando el río Rubicon

Hace unos días conseguí acabar de ver Rubicon y digo conseguir porque he tardado nada más y nada menos que 6 meses en ver 13 episodios. Nunca dejó de interesarme tanto como para dejarla, pero tampoco consiguió engancharme. La noticia de cancelación de la serie no fue precisamente muy alentadora. Al menos después de haberla visto, me doy cuenta de que no ha sido por cuestiones de calidad por lo que la AMC ha decidido echar el cierre sobre Rubicon.

La serie nos lleva a la piel de Will Travers, un analista del American Policy Institute, una especie de organismo de inteligencia dedicado a la investigación en materia de terrorismo y otros temas relacionados con la seguridad nacional. A lo largo de la serie, nuestro protagonista, además de hacer su trabajo, va destapando poco a poco una trama conspiratoria que salpica a varios altos cargos de la organización. Rubicon es algo así como una serie de espías del siglo XXI.

Sin embargo, la serie está muy lejos de lo que se podría pensar a partir de esta afirmación. En Rubicon reina la contención, la reflexión sustituye a la acción, hasta el punto de que sólo se disparan dos balas en toda la temporada. Rubicon huye del carácter espectacular que otras series tienen y eso se agradece, porque, como escribí el otro día refiriéndome a True Blood, el espectáculo por el espectáculo puede llegar a estropear una gran idea. Ante todo, Rubicon desprovee el mundo del espionaje de todo el glamour que el cine siempre le ha asociado y busca el efecto a largo plazo más que el impacto inmediato.

El problema es que quizá busca su efecto a demasiado largo plazo. La serie tiene sus pequeñas dosis de intriga, aunque no las suficientes, y es, durante la primera mitad de la temporada, demasiado lenta. Rubicon ni tiene la acción de Breaking Bad cuando a Walter le da por hacer de las suyas, ni tiene personajes tan buenos y con tanto conflicto interno como Mad Men. No obstante, la espera de Rubicon tiene su recompensa en los últimos episodios, cuando todo empieza a cobrar sentido y a volverse trepidante. El clímax llega con ganas y uno agradece haber seguido viendo la serie.

¿Merece la pena ver Rubicon?  Es la pregunta que me hago desde que acabé de verla. Desde luego, para quien ya la haya empezado sí merece la pena terminarla, pero ¿para quien no? No sabría decirlo. Ya lo he dicho varias veces: las series de la AMC empiezan a despegar después de su primera temporada. Rubicon ha quedado interrumpida en su gestación y, aunque la historia haya podido más o menos resolverse, su final abierto nos recuerda que estamos ante una obra incompleta. Desgraciadamente, nunca veremos la buena serie en la que Rubicon se podía haber convertido.

Sangre fresca

Estos días, para una asignatura de Comunicación Audiovisual, hemos hecho un trabajo sobre el género de vampiros desde la perspectiva de los estudios culturales. Yo me he encargado de la parte actual y, para ello, he tenido que volver a ver la mitad de la primera temporada de True Blood y ver, por primera vez, la primera película de la saga Crepúsculo. Sin duda, son los exponentes más importantes de un género que hoy en día está muy de moda.

Volví a ver True Blood con mucho interés al principio. En comparación con la tercera temporada, los primeros episodios son mucho más potentes y por lo menos, al verlos, tienes la sensación de encontrarte ante un enfoque bastante novedoso en el género. Y por supuesto, las líneas argumentales y los personajes son más sólidos y están mejor trabajados que en la tercera temporada.

Sin embargo, según fui avanzando, fui perdiendo ese interés inicial hasta terminar viendo los episodios por mera obligación. He llegado a la conclusión de que lo mejor que tiene la serie es su planteamiento inicial, la nueva situación en la que la existencia de los vampiros es oficialmente reconocida y tolerada gracias a esa bebida sintética que los japoneses han inventado. El planteamiento es ciertamente muy bueno y, sobre todo, muy prometedor, pero no creo que se aproveche todo su potencial.

Al final su dimensión espectacular y sus excesos hacen que la serie vaya naufragando poco a poco, hasta llegar al hundimiento de la tercera temporada. Puede que suene exagerado, pero me da rabia pensar en lo que podría llegar a ser la serie con ese planteamiento y en lo que, sin embargo, se ha convertido. Definitivamente no es una serie que merezca la pena revisar. Volví a ver Twin Peaks entera, y volvería a ver Perdidos por la complejidad de su trama, o Mad Men por su profundidad, pero, desde luego, True Blood sólo por obligación.

Con Crepúsculo me ha pasado algo parecido. Para empezar, no es una película que yo vería libremente; sin embargo, he de decir que me ha sorprendido, me la esperaba mucho peor. Me ha interesado mucho su planteamiento, el de la chica que llega al pueblo y conoce al vampiro, y la adaptación actual que se hace del vampirismo al género adolescente, aunque lo que veamos sea, en cierta medida, típico.

Y es que, al estar ambientada en el Estado de Washington me ha recordado un poco a Twin Peaks. Incluso aparece una cascada, cuando los Cullen van a jugar al béisbol, que me ha recordado mucho a la de la serie de David Lynch y Mark Frost. No puedo evitarlo, si es que ya sólo con escuchar las primeras notas de la intro de Twin Peaks me pongo nostálgico (por suerte, Bob no era un vampiro).

Sin embargo, la película deja de gustarme según avanza. A falta de media hora para el final, la trama plantea a los personajes, con muchas prisas, un conflicto que a esas alturas ya no tiene ningún sentido. Paralelamente, el “ya no puedo vivir sin ti” que se va adueñando de los protagonistas acaba haciendo todo bastante inaguantable. Me han dicho que el resto de películas son así, lo mejor para mí será no verlas.

Pero, por muy populares que sean True BloodCrepúsculo, para mí el mejor referente del género de vampiros en la actualidad es, sin ninguna duda, Déjame entrar. Y me refiero a la versión sueca original, elremake estadounidense no he querido verlo. Ninguna escena de True Blood ni de Crepúsculo es capaz de superar la atmósfera que crea Déjame entrar, sus planos, su ritmo sosegado y, en ningún caso, la historia de amor y amistad que narra.

Miguel Esteban Rebagliato

 


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Miguel Esteban Rebagliato

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