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Reservoir dogs, la segunda película de Tarantino

Reservoir Dogs para muchos es la primera película de Quentin Tarantino, pero no es así. Su primera película fue El cumpleaños de mi mejor amigo. No todo el mundo cuenta con ella, ya que, cuando ya estaba rodada, el edificio donde se guardada empezó a arder y sólo se salvaron 35 de los 60 minutos de la película.

Después de esta aclaración, vamos con la que es para mí la tercera mejor película de Tarantino: Reseirvoir Dogs.

El otro día iba andando con mi novia, entramos a una tienda y tenían esta película rebajada. Hacía mucho tiempo que no la veía y la compre,  ya que me encanta tener originales las películas que me gustan. Después de eso me dispuse a verla. No me acordaba de las largas y buenas conversaciones de esta película; me pasé un rato muy entretenido, a pesar de la lentitud de la trama algunas veces y la escasez de efectos especiales.

La cinta simplemente narra un robo a una empresa de diamantes. Hay un chivatazo y ahí está toda la policía; después van ocurriendo varios sucesos, algunos se presentan en el lugar acordado, otros no; hay sospechas de soplos, gente sangrando, torturas…

En mi opinión, es un largometraje muy trabajado, intelectualmente hablando, porque es una película muy barata, con poca inversión económica, pero esplendida en guión, dirección, trama y fotografía. No os esperéis grandes tiroteos, ni unos efectos especiales espectaculares, porque no hay nada de eso; es una película inteligente, de muy buen guión, de angustia y suspense.

Rubén Gaitán

The Wire, la serie perfecta

Sí, The Wire es la serie perfecta -digo dejándome llevar por el entusiasmo-. Nunca podré escribir la entrada perfecta que la serie merece, pero éste es mi intento. Tampoco incluiré spoilers porque quiero que leáis esto y algunos veáis la serie.

The Wire es un proyecto ambicioso, una serie sobre una ciudad entera, la ciudad de Baltimore (Maryland). En un principio parece que la serie trata sobre el tráfico de drogas y las investigaciones policiales asociadas a él y, de hecho, así es en la primera temporada, pero según avanza, la serie se va expandiendo hacia la política, la educación y, en definitiva, hacia las principales instituciones de una ciudad.

David Campos decía en los vídeos que hice en navidad que Lost era como un cuadro que se nos iba revelando poco a poco, hasta que al final se nos mostraba en su totalidad. Con The Wire ocurre lo mismo, pero en la serie de David Simon y Ed Burns es tal la inmensidad revelada que corremos el peligro de convertirnos en náufragos. Pero esto es lo magnífico de The Wire, es tan compleja, tan basta y a veces tan inabarcable como la realidad misma.

Y es que en The Wire la realidad y la ficción van de la mano. La serie no cuenta hechos reales, sus tramas son construcciones de ficción, pero todo lo subyacente que se desprende de las instituciones de Baltimore se intuye que no debe de estar muy lejos de ser una representación bastante fiel de la realidad, muchas veces fruto de las experiencias personales de los creadores: David Simon, periodista, y Ed Burns, profesor y policía. Frustados profesionalmente ante una ciudad que no funciona, saben plasmar perfectamente la corrupción, el exceso de burocracia, el arribismo y los intereses personales en los engranajes, oxidados, que deberían hacer funcionar la ciudad de Baltimore.

No es difícil pensar que David Simon durante toda la serie hace un símil entre lo que refleja del cuerpo de policía y lo que fue su propia experiencia en el Baltimore Sun. Ya por algún motivo una premonitoria cita suya encabezaba la web de nuestras prácticas de Periodismo Digital: “La gente que lleva los periódicos ya no respeta su propio producto”. Grande fue mi entusiasmo al ver en el opening de la última temporada -pues cada temporada tiene una versión diferente- una imprenta sacando las tiradas de un periódico. David Simon se lo tenía reservado: la prensa iba a ser la última víctima de The Wire.

Pero, sin duda, uno de los puntos clave de una serie son sus personajes, a quienes vamos a ver horas y horas en pantalla. Lo sorprendente es que, pese a que The Wire tiene muchas tramas en cada temporada y múltiples personajes en cada una de ellas, David Simon y Ed Burns se las ingenian para crear grandes personajes. Me apasionan Jimmy McNulty, Lester Freamon, Bubbs, Omar Little, Stringer Bell…, tanto de los “buenos” como de los “malos”, porque en realidad The Wire deja los juicios morales aparte y diluye con maestría la frontera entre el bien y el mal.

Puede que no sea una serie para todos, puede llegar a ser bastante minoritaria incluso, pero los amantes de las series largas y complejas que consigan adentrarse en The Wire disfrutarán de una de las mejores series que se han hecho nunca en la televisión. Desde que la acabé, tengo el síndrome post-thewire, ya pocas series me entusiasman. Por suerte, no nos hemos quedado completamente huérfanos y esta primavera volverá con su segunda temporada Treme, la última y más que recomendable creación de David Simon.

Miguel Esteban Rebagliato

Más cine francés

Estos días he seguido viendo algunas películas de My French Film Festival, el festival del que os hablé la semana pasada. Como no he tenido mucho tiempo últimamente, no he podido escribir todo lo que me gustaría, así que me veo obligado a escribir en forma de tríptico. Desde la última vez que escribí, he visto tres películas del festival: Bus Palladium, Cómplices y La familia Wolberg.

Bajo el incomprensible nombre de Bus Palladium se esconde una película sobre un grupo de rock francés de mediados de los 80. Desde el principio, parece que va a ser la típica película nostálgica e idealizada sobre la época, pero luego descubrimos que más que apostar por el mito, el ascenso y la caída de una banda cualquiera, la película afortunadamente se centra en el lado humano del asunto, con unos personajes bastante buenos.

Si bien no es nada novedoso, por lo menos es agradable de ver. Luego busco en Internet “Bus Palladium” y descubro que es una discoteca francesa mítica en aquellos años. Ahora todo tiene sentido.

Cómplices se adentra en el mundo de la prostitución masculina con una estructura narrativa bastante atractiva. En la primera escena de la película ya vemos el cadáver del protagonista flotando en el agua, un punto de partida similar al de la magnífica película de Billy Wilder El crepúsculo de los dioses. A partir de esa primera escena, se inicia un relato paralelo con la investigación policial del asesinato, por una parte, y, por otra, con los últimos días del personaje principal; dos líneas narrativas que llevan al espectador a un final común: la muerte del protagonista.

Como ocurre en Laura de Otto Preminger y en Twin Peaks, a través de la investigación vamos conociendo a la víctima, pero en este caso también vemos directamente cómo era su vida. Estructuralmente, Cómplices sería como un montaje paralelo de Twin Peaks y Twin Peaks: fuego camina conmigo -una mezcla que, por cierto, sería bastante interesante de ver-. Pero la película no sólo cuenta una historia de prostitución; es, ante todo, una película sobre el amor juvenil.

Por su parte, La familia Wolberg es una historia sobre una de las instituciones más importantes de la vida: la familia. Pero la película no nos muestra una visión idealizada del asunto, ni tampoco una historia coral de sus miembros, como la excelente El primer día del resto de tu vida. El tema central del filme es la desintegración de la familia, las despedidas, y esto lo trata con un tono trascendental, en algunas ocasiones poético y en otras, bergmaniano; un tono, que, por lo menos para mí, resulta efectivo.

Miguel Esteban Rebagliato

Clint Eastwood, el gran torino del cine

Hoy vamos a hablar del gran torino del cine: Clint Eastwood. Es actor, director, compositor y productor. Algunos datos biográficos: nació en San Francisco (California), tiene ocho hijos y tiene 80 años. En las próximas entradas escribiré sobre varias de sus películas como director, las que para mí son sus mejores obras. Hoy vamos a hablar de el largometraje El sargento de hierro.

Para mí es una de sus películas más entretenidas y divertidas. Él es un veterano de Vietnam que dejó a su mujer por su obsesión con el ejército. El personaje es un hombre duro, muy duro, que se está metiendo siempre en broncas, ya sea en bares, borracho, o con sus superiores. Lo único que tiene que hacer es cumplir una última mision para jubilarse: instruir a unos novatos.

En esta cinta el guíon es a veces escaso, pero tiene una acidez e imaginación increíble. Es una historia cómica muy bien contada, que sabe ponerte los pelos de punta en algunas partes. Sabe dónde y cuándo meter ese diálogo, ese sentimiento de angustia y rabia,  típico de Clint Eastwood.

Los novatos están muy bien definidos, cada uno con una característica diferente, y el rasgo de cada uno está muy bien logrado (rockero, chulo, bestia…). Tanto antes de que Tom (Clint Easwood) llegue a adiestrarlos, como después de que haya hecho su labor, siempre hay un punto en común entre los novatos. Primero es la unión para cubrirse y escaquearse, y despúes para ayudarse unos a otros.

 

 

Por otra parte, es una película seria, ya que hay bastantes momentos de tensión, que el director sabe plasmar muy bien, ya sea con sus escenas de acción o simplemente con la cara de angustia de algún personaje.

En mi opinión, es una película muy entretenida, en la que Clint Eastwood hace del más duro de los sargentos, pero también es, al mismo tiempo, el más humano de todos. Una cinta muy recomendable; entretenida y muy trabajada.

Rubén Gaitán

 

Shameless, la serie que llevaba tiempo esperando

Hoy quiero escribir sobre Shameless, la última serie que ha conseguido entusiasmarme. Se trata de uno de los estrenos de midseason de la cadena de cable estadounidense Showtime, responsable de DexterWeedsThe Big C, entre otras. Shameless desde el primer episodio me tiene enganchado. Como imagino que prácticamente nadie habrá visto ningún episodio, no voy a incluir ni un solo spoilerporque quiero que la veais.

La serie empieza con una voz en off presentando a los miembros de la familia protagonista, un recurso muy bueno para introducirnos a los personajes principales. Como escriben los de Todoseries en las estupendas reviews que están haciendo de Shameless, ya con los primeros minutos del piloto podemos saber si la serie nos va a gustar o no (y no cuesta nada probar la serie con este monólogo inicial, comprobar si nos interesa o no). Quien habla es nada más y nada menos que el padre soltero y alcohólico -muy alcohólico- de esta familia de seis hijos. Leed, leed, merece la pena (o confiad en mí y ved el principio de la serie, sin más):

Nadie está diciendo que nuestro vecindario sea el Jardín del Edén. Demonios, algunas personas dicen que  Dios evita este sitio totalmente, pero ha sido un buen hogar para nosotros… para mí y mis hijos, de quienes estoy orgulloso, porque cada uno de ellos me recuerda a un trocito de mí.

Fiona, mi roca, una enorme ayuda. Tiene todas las mejores cualidades de su madre, excepto que no es una furiosa perra psicópata. Lip, listo como un zorro. Siempre sobresalientes, el mejor de su clase. El chico tiene futuro. Ian, ambicioso, increíble ética de trabajo. No tengo ni idea de quién lo ha sacado. Quiere ser paracaidista. Sabe cómo destripar a un enemigo con un paquete de centavos y un calcetín viejo de gimnasia. Carl… Realmente no sé mucho acerca de Carl. Ama a los animales. Siempre arrastrando a casa pobres descarriados que encuentra, llevándolos a su habitación. Debbie, enviada por Dios, es un ángel. Reúne dinero para UNICEF todo el año, parte del cual entrega de hecho. Liam, será una estrella. No soy biólogo, pero se parece un poco a mi primer padrino. Él y la ex eran íntimos.

Kev y Veronica, unos vecinos fantásticos. No hay nada que no harían el uno por el otro. O el uno al otro. Nunca me di cuenta de lo poco que estaba mojando hasta que V y Kev se mudaron al lado. Y yo, Frank Gallagher, padre, maestro, mentor, capitán de nuestro pequeño barco. Puede que no tengamos mucho pero todos y cada uno de nosotros, sabemos la cosa más importante en esta vida… ¡Sabemos cómo hacer una puta fiesta!

Con estas palabras empieza Shameless, un remake de una célebre serie británica, homónima, pero desconocida para mí pese a ir ya por la octava temporada. ¿Y por qué estoy viendo la edición estadounidense? Pues no lo sé, porque empieza ahora, supongo, pero en cualquier caso el creador es el mismo en las dos series, Paul Abbott.

 

 

Echaba de menos una serie centrada en una familia, una serie que fuera más allá de los típicos 20 ó 30 minutos de las comedias habituales. Cada episodio de esta nueva serie de Showtime dura casi una hora y la verdad es que lo agradezco; la larga duración le permite desarrollar mejor los episodios. Para hacernos una idea, Shameless no es United States of Tara, también de Showtime; es algo más cercano a Six Feet Under (A dos metros bajo tierra en castellano, la genial serie de Alan Ball), aunque obviamente guardando ciertas distancias.

Una de las cosas que más me gustan de Shameless es que, también como Six Feet Under, tiene grandes personajes, con los que apenas tardas en simpatizar. También tiene un tono gamberro, como el que a veces aparecía en la serie de Alan Ball (me viene a la cabeza el pie que roba Claire de un muerto…), pero sin duda más propio de Misfits. Lo bueno, para mí, es que Shameless no tiene esa simpleza que me molestaba de Misfits y, aunque también tiene muchas escenas de sexo, explícito algunas veces, no se convierten en el elemento central de la serie, como ocurría en la serie británica de jóvenes delincuentes.

Shameless tiene una extraña mezcla entre drama y comedia, digna de los momentos más cómicos de Breaking Bad. El trasfondo es, sin duda, bastante dramático, pero el tratamiento es totalmente cómico, con algunos momentos que incluso llevan a la carcajada. Los personajes de la serie se han adaptado a su trágica situación y han aprendido a disfrutar sus vidas, igual que nosotros, espectadores, podemos disfrutar de esta prometedora serie que es Shameless.

Showtime la emite todos los domingos en Estados Unidos. Sólo lleva tres episodios por ahora. Es el momento de empezar a verla.

Miguel Esteban Rebagliato

El efecto luciérnaga

¡Fringe está de vuelta! Despues de la típica -y no por ello más llevadera-pausa que hacen las series norteamericanas por navidad, Fringe vuelve con fuerza. Y es que la mitología de la serie ha pasado de ser un trama recurrente en la primera y en la segunda temporada para convertirse en la maestra de orquesta de esta magnífica tercera temporada, y eso desemboca en capítulos como The Firefly (La luciérnaga en castellano). Peligro, si no has visto el capitulo, aún puedes regresar a tu realidad alternativa, porque a partir de aquí… spoilers.

El mismo título del capitulo (‘Firefly’) hace referencia directa a un tema principal de la serie: no hay acción sin repercusión. Y en lo que concerniente a Walter, estas repercusiones siempre desembocan en Peter. Pero empecemos por el principio. Walter se ha dado cuenta de que juega en inferioridad de condiciones frente a la basta (y completa) mente de Walternativo. Por eso ha decidido crear un suero que le rejuvenezca las neuronas y que cure su intelecto limitado.

Así es como un semidormido Peter lo encuentra, bajándose los pantalones listo para darse una inyección. Después de una interesante conversación entre padre e hijo (Walter… ¿Estás seguro de querer involucrarte en esto? Según William Bell, te quitó esas partes del cerebro por una razón… Porque tenías miedo en lo que te estabas convirtiendo) nos encontramos en lo que parece una residencia de ancianos.

Un jefe se seguridad observa cómo uno de los pacientes pasea solo por  los pasillos de la residencia. La enfermera de guardia le dice que es el señor Joyce, un sonámbulo, quien resulta ser, ni mas ni menos, Christopher Lloyd, el famoso profesor chiflado de la trilogía Regreso al futuro. De repetente, un misterioso joven aparece en el pasillo y se pone a conversar con el dormido señor Joyce. Cuando la enfermera y el guardia alcanzan al señor Joyce en el pasillo, este está solo y no recuerda nada, salvo que ha hablado con su hijo fallecido años atrás. La rotura de mandíbula viene en las imágenes siguientes, cuando vemos en las afueras de la residencia al joven que ha entrado a hablar con Joyce acompañado por el siempre misterioso Observer.

A la mañana siguiente, Olivia y compañía están en el asilo intentando descifrar el misterio del “hijo fantasma”. Joyce, que resulta ser una antigua estrella de rock de la que Walter es fan, es llevado al laboratorio del profesor Bhisop, donde es inducido a un estado de hipnosis, que intenta hacerle recordar mediante la música. A partir de aquí, nuestros protagonistas se ven lanzados en una carrera a contrarreloj para descubrir qué ha tratado de hacer el Observer llevando a un hijo difunto a conversar con su anciano padre.

Esto desembocará en el descubrimiento de que el Observer, al infringir la norma no escrita de no intervención salvando la vida a Peter, provocó un efecto luciernaga (o efecto mariposa, basado en la idea de que dadas unas condiciones iniciales, la más mínima variación en ellas puede provocar que el sistema evolucione en formas completamente diferentes; sucediendo así que, una pequeña perturbación inicial, mediante un proceso de amplificación, podrá generar un efecto considerablemente grande) que ahora está tratando de compensar.

Todo ello conduce a un clímax que nos sirve de entrada para los próximos capítulos . Y es que no hay duda de que Fringe ha vuelto , y lo ha hecho por la puerta grande.

Los famosos gliphs del episodio de esta semana The Firefly, han formado la palabra UNITES, o bien, UNE, en español.

David Campos Lainez

El coche del amor, la importancia de un cerrojo y otras historias

Esta semana ya han vuelto regularmente mis tres comedias favoritas de la televisión: The Big Bang Theory, Modern Family y Cómo conocí a vuestra madre, y no tengo ningún reparo en decir que, en general, el descanso y la larga digestión del pavo de Acción de Gracias les ha sentado bien. Atención, puede haber algunos spoilers, así que, si no habéis visto el episodio de esta semana de alguna de las series, saltaos esa parte y seguid leyendo a continuación.

El episodio de The Big Bang Theory ha sido de los mejores episodios que he visto en la serie en mucho tiempo, algo comparable a lo que fue Blitzgiving con Jorge García (Lost) en Cómo conocí a vuestra madre, sobre el que ya escribí hace un tiempo. El episodio ha tenido todos los ingredientes que hacen de Big Bang la serie cómica que es. Y lo más excepcional es que ha sabido combinar todo en su justa medida, otorgando a todos los personajes el mismo protagonismo y consiguiendo así un perfecto equilibrio.

A lo largo de seis grandes secuencias (el Cheesecake Factory con Penny, la preparación del viaje, el trayecto, la noche en el hotel, la conferencia y el viaje de vuelta) el episodio ha creado chistes y guiños a todos los elementos cómicos habituales en la serie: la obsesión de Sheldon por controlar todo y su ingenuidad en los temas más banales (¿Cómo puede no saber si están practicando el coito o no?), la obsesión de Leonard con Penny, la aproximación de ésta al mundo friki, los complejos sexuales de Howard, la afición de Raj por las pelis sensiblonas y su incapacidad para hablar delante de mujeres (buen momento cuando Leonard llama por teléfono a Bernadette: “Quiere que te diga que cuando Howard dice ‘siesta’, quiere decir ‘sexo'”)… Me gusta el personaje de Bernadette, discreta pero siempre efectiva y, respecto a Amy Farrah Fowler, me asusté en cuanto la vi, pero al final no resultó ser tan terrible. Grandioso episodio.

El episodio de Modern Family también ha sido muy bueno, aunque ha habido otros mejores durante esta segunda temporada, como el del cumpleaños de Manny. Como viene siendo habitual en la serie, ha habido tres tramas diferentes en el episodio, una por familia, y algunas de ellas han acabado confluyendo, en este caso la de Gloria y Jay con la de Phil y Claire.

La trama de Cam y Michel ha sido divertida, y también la de Gloria y Jay, por la confusión creada y los dobles sentidos, pero, sin duda, la mejor ha sido la de Phil y Claire. ¿Acaso hay algo universalmente más traumático para la infancia de un niño que pillar a sus padres teniendo relaciones sexuales? Puede ser traumático, pero las situaciones que se desencadenan a partir de ahí pueden ser muy cómicas también. Y la comicidad aumenta si se trata con la irresponsabilidad de estos padres, con una madre obsesionada y un padre desentendido. Divertido episodio.

En el caso de Cómo conocí a vuestra madre no comparto el entusiasmo. A la serie no le sienta nada bien el drama. Se nota que han intentado hacer avanzar la trama, continuándola desde donde se quedó en el episodio anterior, pero con el tiempo he llegado a valorar más los episodios autoconclusivos de esta habitualmente divertida serie. Igual que a Marshall durante el episodio, las bromas y los momentos cómicos de Last words no me han hecho gracia, exceptuando el bolso sin fondo de Robin, complemento ideal para un funeral.

Al final las últimas palabras del padre de Marshall me acaban dando igual. No me gustan los episodios de Cómo conocí a vuestra madre que terminan con una canción al final, como intentando sacar una moraleja, como intentando dar lecciones de vida. Fallido episodio.


Autor

Miguel Esteban Rebagliato

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