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Las mejores series del año

Hoy he cerrado las encuestas que publiqué la semana pasada para elegir las mejores series del año. Entre que no ha votado mucha gente y había muchas para elegir, las series han acabado con pocos votos cada una. En cualquier caso, la mejor serie de comedia y de drama del año son:

Cómo conocí a vuestra madre y Perdidos. Era difícil elegir, yo voté por Mad Men y Modern Family, pero perfectamente podría haber elegido las que han ganado. Costaba tanto decidirse que incluso alguien votó al mismo tiempo por Glee, The Big Bang Theory, Modern Family y The Office.

Las que han ganado lo merecen. La quinta temporada de Cómo conocí a vuestra madre fue, en mi opinión, bastante floja, pero en lo que llevamos de sexta temporada, la serie ha sido capaz de volver a hacer muy buenos capítulos, como escribí hace un tiempo. Y Perdidos ha sido la gran serie que se ha despedido este año. Si bien la sexta temporada no fue la mejor de la serie, pues se quedó estancada durante unos cuantos episodios; el final, polémico para muchos, fue, en mi opinión, muy adecuado. Perdidos, sólo por hacer que muchos nos levantáramos a las seis de la mañana para ver su episodio final, ya merece haber ganado.

¡Muchas gracias a los que habéis participado!

 

Mejor serie de drama

  • Perdidos – 4 votos – 25%
  • Breaking Bad – 3 votos – 19%
  • Dexter – 2 votos – 13%
  • Mad Men – 2 votos – 13%
  • True Blood – 2 votos – 13%
  • Fringe – 1 voto – 6%
  • House – 1 voto – 6%
  • The Walking Dead – 1 voto – 6%

Mejor serie de comedia

  • Cómo conocí a vuestra madre – 6 votos – 50%
  • Modern Family – 3 votos – 25%
  • The Big Bang Theory – 1 voto – 8.3%
  • The Office – 1 voto – 8.3%
  • United States of Tara – 1 voto – 8.3%

 


Más series para tiempos navideños

Ya está lista la segunda parte del vídeo navideño del blog, un vídeo en el que, como ya expliqué la semana pasada, cedo la palabra a varias personas para que presenten y recomienden algunas de sus series favoritas.

Si el vídeo de la semana pasada estaba más centrado en mi ámbito familiar, en éste los protagonistas son algunos compañeros de clase de Comunicación Audiovisual y Periodismo. No he podido resistirme a aparecer yo también y hablar de Twin Peaks, una serie poco conocida por los de mi generación, o al menos no tan extendida como el resto de series.

(Por problemas de derechos con los créditos de las series, hay que ir a Youtube para ver el vídeo. Dándole a reproducir aparece el enlace)

 

Y con esto, estrenadas quedan las dos partes del primer vídeo de El caos reina. ¿Qué os parece? ¿Queréis recomendar alguna otra serie?

No he querido hacer, ni mucho menos, un recorrido exhaustivo por las mejores series de la televisión, porque me he dejado grandes títulos como Dexter, The Wire y Los Soprano, pero sí aparecen en el vídeo algunas de mis series favoritas, como Mad Men, Breaking Bad y PerdidosMuchísimas gracias a todos los que habéis participado, tanto en este vídeo como en el otro.

Miguel Esteban Rebagliato

Cómo nunca conoceré a vuestra madre (“Aw, man!”)

Últimamente tengo una sensación bastante contradictoria con Cómo conocí a vuestra madre. A estas alturas, prácticamente ya en la mitad de la sexta temporada, me da la impresión de que la serie se ha quedado estancada. Parece que Ted nunca va a conocer a la que se convertirá en su mujer y puede que llegue el punto en que acabemos creyendo que sus hijos son adoptados. Nadie nos asegura que no sea una mentira todo lo que Ted lleva años contándonos, pues, al fin y al cabo, la historia siempre está narrada desde un punto de vista subjetivo, como cuando los vemos fumando grandes bocadillos en sus años mozos.

El problema es que de tanto mirar hacia el pasado, la serie se ha perdido en el tiempo y ya no puede avanzar. Toda la historia es un gran flashback, donde encontramos más flashbacks dentro flashbacks. Y, en contadas ocasiones, los guionistas deciden enseñarnos pequeños pedacitos del futuro, como cuando vimos al Marshall mayor en una sección del museo hace unos cuantos episodios. Está claro que así, repito, no avanzamos.

Pero también está claro que cuando Ted conozca a la madre de sus hijos, la serie llegará a su fin, y esto es algo que de momento nadie quiere. Sin embargo, creo que llega un momento en que toda serie debe plantearse si acabar su historia con dignidad o alargarla por los siglos de los siglos. No estoy diciendo que Cómo conocí a vuestra madre deba terminarse ya, pero sí que creo que debería volver a ofrecernos unas tramas generales más sólidas, pues desde la quinta temporada no tenemos más que historias poco desarrolladas y líneas argumentales que raramente trascienden el propio episodio. Renovarse o morir, simplemente.

Lo curioso es que, con todo este descontento mío, estoy empezando a tener la sensación de que la serie está remontando en los últimos episodios de esta temporada. No es que hayan introducido nuevas historias, aunque me parece muy acertado cómo están desarrollando el personaje de Zoey, pero sí que han tenido recientemente episodios muy buenos. Confieso que en general no soy muy aficionado a las sitcom, que prefiero las series dramáticas que construyen grandes historias a lo largo de la temporada, pero me conformo si una comedia tiene episodios autoconclusivos muy buenos, como es el caso de Modern Family, por ejemplo. Cómo conocí a vuestra madre estaba siendo muy irregular, tenía un episodio bueno y muchos otros flojos, pero parece que en esta temporada está recuperando el ritmo.

El último episodio, Blitzgiving, ha sido el mejor episodio de la serie en mucho tiempo, sobre todo gracias a la presencia de un viejo amigo de la isla. Ha estado lleno de grandes momentos, como todos los “Aw, man!” o el número de teléfono aleatorio (4 8 15 16 23 42, por si alguien no se los aprendió). De hecho, he visto el episodio tres veces y todavía me sigue haciendo gracia. Si siguen haciendo episodios tan buenos, creo que me va a dar igual si Ted muere soltero.

Miguel Esteban Rebagliato

Universos paralelos

Llevaba tiempo queriendo escribir sobre Fringe y The Event, y creo que, a pesar de las malas noticias que estos días rodean a Fringe, éste es el mejor momento para hablar de estas series. Y es que, además, en los episodios más recientes de ambas, la experimentación con niños se ha convertido en uno de los temas principales en las trama, una analogía que ayuda a comparar las dos series entre sí.

Todo el mundo sabe que, cuando J. J. Abrams empezó la primera temporada de Fringe, todavía estaba un poco perdido, y no precisamente porque intentara imitar la propuesta de su anterior serie (aunque el avión de su episodio piloto nos recordara al del vuelo de Oceanic), sino porque el rumbo que iba a tomar su nueva serie no estaba todavía bien definido. Parecía que no tenía ninguna prisa en iniciar una trama para toda la temporada, que la fórmula de los episodios autoconclusivos le bastaba, pero la gran historia que empezó a desarrollar a mitad temporada acabó por cautivarnos a muchos.

La segunda temporada continuó de una manera muy acertada con esta historia de grandes proporciones, mientras iba construyendo poco a poco una mitología muy particular para la serie, con los cambiaformas, los observadores y, sobre todo, con los universos paralelos. Y ahora mismo la tercera temporada, la mejor hasta la fecha, está sabiendo explotar todas las posibilidades que esta mitología, tan bien construida, proporciona. Pero puede que éste sea el momento culminante de Fringe, si los rumores de posible cancelación acaban por confirmarse. Las audiencias mandan, sobre todo en canales que no son de pago. Habrá que vigilar cómo tratan a la serie los espectadores estadounidenses a partir de enero, en su nuevo y funesto horario de los viernes por la noche.

Por otra parte, tenemos The Event, un proyecto de la NBC que ha empezado a emitirse esta temporada. Muchos la señalaron desde un principio como el nuevo intento de sustituir a Perdidos, pero el problema es que, después del caso Flashforward, esto genera mucho escepticismo. Puede que, frente a Perdidos, las intenciones sean las mismas, el target sea el mismo, pero al final la calidad de los contenidos no resulta ser, ni mucho menos, la misma.

The Event empezó con un ritmo muy elevado, mucho salto temporal y atractivos juegos de perspectiva. El espectador no tenía ni un momento para pararse a pensar en lo que estaba viendo, al contrario de lo que ocurre en otras series como Mad Men o Breaking Bad, cuyos ritmos pausados invitan constantemente a la reflexión. Con The Event el espectador se sentía desde el principio atraído por sus formas, pero era cuestión de tiempo descubrir si el contenido, lo que había detrás de toda esta superficie, merecía la pena. Tras varios episodios, la serie ha acabado bajando el ritmo, adoptando uno mucho más convencional y al mismo tiempo menos atractivo.

Y con esto llegamos a la cuestión de la experimentación con niños. Sin duda, resulta un tema muy recurrente, pues ya se usó en Perdidos Fringe lo ha tratado varias veces, sobre todo con el experimento del cortexifan, pero también en la investigación del último episodio. Ahora The Event también ha decidido introducirlo como parte de su trama y esto precisamente pone en evidencia otro de los problemas de la serie: mientras que Fringe ha sabido crear su(s) propio(s) universo(s), The Event acaba recurriendo a tópicos y elementos de éxito de otras series, como los accidentes de avión, el electromagnetismo y los flashbacks dedicados a un único personaje cada episodio.

Después de un tiempo hemos podido ver lo que hay detrás de The Event y hemos descubierto, sin mucha sorpresa, que el interior está medio vacío. Hasta ahora, los personajes que nos han mostrado son bastante planos. Sean Walker se nos aparece como un hombre persistente, que no abandona su propósito, pero ¿es que, como personaje, no le pasa nada más? Es, al fin y al cabo, verdaderamente plano. ¿Dónde está en The Event la complejidad de un personaje como Walter Bishop de Fringe?

Ya se sabe que a las series hay que darles tiempo, y Fringe es precisamente un ejemplo que ilustra muy bien esto, pero por el momento The Event, aunque es capaz de entretener e intrigar, no está a la altura.

De todas formas, como decía, en los últimos episodios de The Event y Fringe hemos visto cómo se experimentaba con niños, les robaban su juventud y se beneficiaban de ella. Esperemos que por lo menos el negocio televisivo no decida explotar estas dos series, absorber todo su potencial y después desecharlas. Ojalá las dejen crecer poco a poco. Quizá The Event mejore con el tiempo, pero desde luego Fringe puede convertirse en una serie realmente grande.

Miguel Esteban Rebagliato

“Die-die”: una familia poco convencional

(No recomiendo leer esta entrada a quien no haya visto el noveno episodio de la quinta temporada de Dexter)

No es frecuente que decida escribir dos semanas seguidas sobre la misma serie, pero el rumbo que está tomando la última temporada de Dexter me está encantando. Ya vimos a nuestro querido asesino en serie jugando a las casitas la temporada anterior. Dexter vivía el sueño americano de una manera muy particular, pero siempre guardando las apariencias, según las reglas de Rita. Y probablemente más de uno deseamos que se olvidara de eso de matar a criminales, que disfrutara de su vida, sin más. ¿Acaso a alguien no le caía bien Rita?

Dexter perdió su oportunidad, pero ahora, en un escenario totalmente diferente, hemos podido volver a verlo jugando a las casitas, esta vez a su manera. Ha sido una situación muy extravagante que se juntaran, en la casa de su antiguo matrimonio, Lumen, víctima de varias violaciones y de un secuestro; Astor, la hijastra de Dexter, un tanto ebria en este caso; su amiga, maltratada por su padrastro, y Harrison, un bebé cuyas primeras palabras fueron “die-die”, lo que extrañamente no ha vuelto a preocupar a nadie. Sin duda el resultado de esto ha sido el retrato de una familia totalmente disfuncional, bastante más que la de Arthur Mitchell la temporada pasada, pero no podíamos esperar otra cosa de Dexter.

Ha sido una situación azarosa, un mero recurso de guión, lo que ha juntado a estos personajes. Sin embargo, ha permitido que Dexter hiciera lo que no hizo la temporada anterior: ocuparse realmente de su familia, estar ahí para ellos. Aunque ya sabemos que sus métodos para resolver problemas familiares no son precisamente muy ortodoxos, como ya comprobamos cuando se encargó del ex-marido de Rita, Paul (que en otra vida decidió convertirse en un semidiós de una isla perdida, para acabar siendo asesinado por orden de un calvo vaporoso). En este caso, Dexter decide solucionar el problema con una  clase de anatomía poco convencional:

Al final de este fragmento escuchamos a Harry decirle a Dexter (parece que a Michael C. Hall le gusta salir hablando con sus difuntos padres en todas las series que hace) que, si hubiera sabido de lo que era capaz, no le habría llevado por ese camino, es decir, que no le habría enseñado a ser un asesino en serie profesional. Una vez más nos encontramos con otra forma de mostrar cómo se podría negar toda una serie, un recurso al que ya hice referencia cuando escribí sobre The Walking Dead.

Y este detalle, que puede haber pasado desapercibido para alguno, nos hace reflexionar sobre el título del episodio, Teenage Wasteland, cargado de una interesante ambigüedad. Podemos pensar en la adolescencia de la amiga de Astor, echada a perder por su padrastro, pero también podemos pensar en la adolescencia de Dexter, ¿también echada a perder por su padrastro?

Si bien toda historia familiar ha sido el núcleo del episodio, también hemos podido ver otras cosas relevantes. Dexter ha ido estrechando el cerco sobre Jordan Chase, para lo que ha tenido que sufrir unas sesiones que, más que de autoayuda, parecen de gimnasio, aunque probablemente sean más caras. Pero los líos familiares han hecho que Dexter no estuviera muy atento y el episodio pudiera acabar con ese poderoso cliffhanger. He de reconocer que me equivoqué: el método de Jordan Chase no estaba basado en Nietzsche, según nos ha confesado, sino en Platón.

El resto de historias están muy bien construidas (no como muchas historias de relleno que hemos visto últimamente en True Blood). Esta semana hemos podido ver los que parecen ser los intereses de Laguerta al mando de Homicidios. Sin embargo, en ninguna serie vamos a poder ver la complejidad con la que The Wire, que tan fascinado me tiene últimamente, trata la corrupción policial, sus intereses ocultos y la escalada al poder de sus oficiales. Al lado de The Wire, las historias policiales que vemos en Dexter no impresionan, pero al menos funcionan muy bien como complemento a la trama principal de nuestro asesino en serie.

Esta semana Dexter ha vuelto a traer un episodio muy bueno. Sólo quedan tres para que acabe la temporada y todo está empezando a ser muy interesante. Lo que hasta ahora hemos podido ver apunta a que tendremos una gran finale.

Miguel Esteban Rebagliato

“We have to go back!”

Somos muchos los que, meses después del final de Lost, aún seguimos pensando en la Isla, sus personajes y, sobre todo, en su gran historia. Esta mañana he descubierto The Island, un nuevo proyecto que pretende revisar toda la serie siguiendo el orden cronológico de la trama. Empezaremos con el nacimiento de Jacob y su hermano, seguiremos con Richard Alpert y la Iniciativa Dharma, y acabaremos con toda la historia de los pasajeros del vuelo de Oceanic y de Ajira.

Sin embargo, quizá a Lost no le siente tan bien la linealidad temporal, pues uno de sus puntos fuertes era precisamente los saltos temporales. En cualquier caso, es una forma novedosa de ver los episodios, que nos ayudará a recordar la serie y quizá a atar algunos cabos que se nos quedaron sueltos. Tengo curiosidad por ver cómo quedarán todos los flashbacks de los personajes juntos, los flashforwards y, lo que más me intriga, los flashsideways.

Los episodios los irán subiendo semanalmente a su blog, The Island. De momento pueden descargarse en varios enlaces de 720p en Megaupload, pero aseguran que pronto también subirán los episodios a Megavideo. Espero que puedan acabar el proyecto y nadie les ponga ningún tipo de impedimento.

¿Qué os parece? ¿Creéis que es una iniciativa interesante o no tenéis ninguna intención de volver a ver la serie?

Miguel Esteban Rebagliato

Un mal despertar

Un mal día lo tiene cualquiera, pero probablemente nadie tenga ni de lejos uno tan malo como el de Rick Grimes en el primer episodio de The Walking Dead. Ayer empecé a ver, con bastantes días de retraso, la nueva producción de la AMC, y no es que sea un aficionado del cine de zombies, ni tenga especial interés por estas bellas criaturas, pero el primer episodio me dejó con muy buena impresión.

Sin duda, lo que más me gustó fue esa grandiosa elipsis temporal de la primera parte del episodio. Rick Grimes (Andrew Lincoln), el protagonista de The Walking Dead, es ingresado en el hospital por una herida de bala y, cuando despierta, toda la ciudad está llena de zombies. Es una manera muy directa de introducir la trama, un mecanismo muy elegante para hacer que vayamos descubriendo, al mismo tiempo que el protagonista, la situación en la que el mundo se ha quedado.

Pero el espectador sabe de sobra que va a ver una serie de zombies y The Walking Dead juega con esto, poniendo como primera escena un flashforward en el que el protagonista acaba matando a una niña zombie. Breaking Bad, la gran serie de la AMC junto con Mad Men, también empezaba con un flashforward, pero en ese caso el futuro de nuestro amigo Walter White, en calzoncillos en medio del desierto, era casi más negro que el de Rick Grimes.

Casi todo lo demás de este primer episodio de The Walking Dead se reduce a ver a unos cuantos personajes deambular, intentar sobrevivir y matar a unos cuantos zombies. Al protagonista le entra un extraño sentido del deber y se viste con su uniforme de ayudante de sheriff, sombrero incluido. Por suerte parece que la serie se centrará en los personajes, en la supervivencia en condiciones de vida extremas, un enfoque muy interesante que ha dado muy buenos resultados en series como Perdidos. Al menos ése nos dijeron que sería el enfoque cuando nos hablaron de la serie en el taller de Producción original internacional del Festival de Series. Quien haya visto ya el segundo episodio probablemente lo sabrá.

Las últimas escenas en la ciudad de Atlanta son espectaculares, con el protagonista huyendo a caballo de una gran multitud de zombies. Ante esta situación, Rick Grimes no puede escapar y está a punto de abandonar y suicidarse.

Y es que parece que a los guionistas de las series les guste jugar con la idea de matar al protagonista en el primer episodio. Si recordamos bien, en el piloto de Breaking Bad Walter estaba a punto de suicidarse por pura desesperación. También los creadores de Perdidos comentaron en alguna entrevista que inicialmente pretendían que Jack Shephard muriera en los primeros episodios de la serie. Parece que les gusta tantear esta posibilidad, la de la serie que se niega a sí misma. Esto muestra la fragilidad de una serie, que puede ser cancelada a los pocos episodios, o que no existiría como tal si el protagonista muriera en el primer episodio.

Pero al final Rick Grimes consigue salvarse (“Hey you, dumbass. You in the tank. Cozy in there?”). La única víctima es el caballo, al que Rick había prometido que encontraría más caballos amigos en Atlanta y que, sin embargo, acaba siendo devorado por los zombies. Cierra el episodio un plano cenital que se va alejando poco a poco del cadáver del caballo, al más puro estilo de True Blood, cuando al final del segundo episodio de la segunda temporada Eric y compañía se lanzan sobre su presa. Aunque los vampiros tienen mucho más estilo que los zombies.

Las referencias siempre están presentes implícitamente. Probablemente quien haya comentado The Walking Dead habrá comparado la serie con las películas más famosas de zombies, pero yo no conozco el género, no puedo hacer esto. Si alguien quiere sacarme de mi ignorancia, que me recomiende películas de zombies.

Miguel Esteban Rebagliato

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Miguel Esteban Rebagliato

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