Posts Tagged 'Premios Goya'

Amor de postal

Ayer vi en Canal + (500) Días juntos. Leí muy buenas críticas de la película cuando estuvo en cartelera, pero no la vi entonces. De hecho, las críticas la ponían como una de las joyas del cine independiente estadounidense de 2009. Qué sorpresa me llevé ayer al verla, no era lo que yo me esperaba.

En esta película de amores y desamores, el protagonista trabaja en una empresa en la que se dedica a escribir postales, tarjetas de San Valentín y demás felicitaciones. Y este protagonista parte de una concepción convencional del amor para ir poco a poco desmarcándose de ella, según va sufriendo el desengaño. La película parece querer mostrar una versión alternativa del amor, pero al final no hace más que caer en convencionalismos y en lo que no es más que un amor de postal.

Uno de los principales problemas de la película es que tiene una estética que quiere ser demasiado alternativa, en el sentido subcultural del término. Vemos recursos de montaje muy novedosos, como una escena en la que la pantalla se parte en dos y nos muestra en un lado cómo serían las cosas según las expectativas del personaje y en otro lado cómo son las cosas realmente. Sin embargo, la estética es, en líneas generales, demasiado preciosista y, como sucede muy a menudo en estos casos, también artificial. Y otro gran problema es que el aparato emocional y simbólico de (500) Días juntos a veces es demasiado simple (ahora lo entiendo todo, el director es uno de los creadores de Lone Star, afortunadamente cancelada tras dos episodios emitidos). En serio, ¿otoño?

En cambio, no ocurre lo mismo con la película de Jonás Trueba Todas las canciones hablan de mí, actualmente en cartelera. También cuenta una historia de desamor, pero lo hace con un universo muy personal, muy literario, algo poco habitual en nuestro cine. La película de Jonás Trueba huye de ese tono edulcorado que sufre (500) Días juntos y, sobre todo, tiene un final mucho más adecuado, un final en el que reina la incertidumbre propia de todo asunto amoroso.

Creo que si tuviera que elegir una película de amores y desamores, claramente elegiría Olvídate de mí, pero, si queréis algo más actual, me quedo con la película de Jonás Trueba, desde luego. A (500) Días juntos le he puesto un 6 en Filmaffinity; a Todas las canciones hablan de mí, un 8 (frente al 10 de Olvídate de mí). Si alguien quiere ser mi amigo, mi nombre de usuario es Miguel_Mer. Y si alguien ha visto la película de Jonás Trueba y quiere leer algo más de ella, éste es su blog.

Miguel Esteban Rebagliato
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La perversión del payaso

Quiero escribir sobre Balada triste de trompeta, la última película de Alex de la Iglesia, pero me cuesta encontrar las palabras adecuadas. Después de casi dos horas de película, sales del cine con una sensación extraña, esa sensación que te dejan las películas extremas, las que no tienen ningún reparo en traspasar los límites, una y otra vez. La sensación, aunque bastante diferente, me recuerda un poco a la que me dejó Anticristo, la insana y última película de Lars von Trier. Balada triste de trompeta es, sin ninguna duda, atrevida, una historia de amor perversa.

Pero la película también es, en todo momento, ambivalente e innecesariamente violenta. A veces cae en lo deliberadamente cutre y grotesco, mientras que otras veces alcanza la genialidad. Sin embargo, esta dualidad no hace más que acentuar su extremismo y, sobre todo, es capaz de ofrecernos algo que no hemos visto antes. Novedosa, sin duda, pero demasiado esperpéntica para mi gusto.

Ante todo, Balada triste de trompeta es una película española, sin ningún matiz despectivo en ello. Alex de la Iglesia saca a relucir la España sórdida del franquismo, Raphael mediante. Lo que ocurre es que esta sordidez le salpica e impregna la película de ese tono cutre que en muchos momentos tiene. Es grandiosa, sin embargo, la escena final, parodia-homenaje de Con la muerte en los talones, en la que Alex de la Iglesia cambia las estatuas de los presidentes por la gran cruz de El Valle de los Caídos.

También es muy interesante el tratamiento que la película hace de la memoria histórica. Balada triste de trompeta, como ya hizo Malditos bastardos, juega a incluir acontecimientos históricos precisos y alterarlos, por ejemplo situando payasos en el atentado de Carrero Blanco (¿Y vosotros de qué circo sois?, pregunta el protagonista a los etarras).

Balada triste de trompeta es una película muy irregular, muy lejos, por supuesto, de ser la película perfecta. No obstante, Alex de la Iglesia, como un equilibrista, camina todo el metraje en la cuerda floja y al final inexplicablemente consigue mantener el equilibrio. Ante películas tan poco habituales como ésta, no se trata de decidir si lo que hemos visto es bueno o malo; yo no sabría decirlo. Creo que, si tuviera que decantarme por una sola palabra para explicar Balada triste de trompeta, elegiría la palabra bizarra, una palabra lo suficientemente rara como para definir esta película.

Miguel Esteban Rebagliato

Buried: crónica de un entierro

(Esta entrada fue publicada en uvalencia.info)

La idea de ir a ver una película que se desarrolla únicamente dentro de un ataúd puede asustar a unos y fascinar a otros, pero si algo caracteriza Buried es la idea original sobre la que se construye la película, basada en la novela El que habla con los muertos de Brian Lumley. Pocas películas plantean su acción en un único escenario y muchas menos en uno tan pequeño como éste.

El principal interrogante que la película puede suscitar es si el director va a ser capaz de mantener la atención del espectador durante una hora y media, sin que se pierda el atractivo. Rodrigo Cortés no tiene problemas en conseguirlo. Buried mantiene el ritmo con una trama que no da tiempo al espectador a tomarse un respiro. Desde los primeros minutos de metraje hasta el trepidante y sorprendente final, con un inesperado giro, nos vamos identificando progresivamente con el personaje; sentimos su ansiedad, su desesperación.

El director opta por contar su historia recurriendo a una dilatación temporal: el personaje pasa en el ataúd menos de una hora, pero nosotros lo percibimos como una hora y media. Si bien este recurso le sirve para acentuar el dramatismo y el suspense, quizá un tratamiento en tiempo real, al estilo de la serie 24, podría haber aportado un mayor efecto de ansiedad.

En el nivel técnico, uno de los elementos clave con los que juega la película es sin duda el sonido. Desde el principio, cuando sólo oímos una respiración entrecortada, la película utiliza el sonido para reforzar sus imágenes y todo aquello que quiere transmitir, e incluso, en ocasiones, éste se convierte en el verdadero protagonista. Resulta muy acertada, por otra parte, la decisión de utilizar únicamente iluminación diegética, es decir, fuentes de luz que aparecen en la trama, como un mechero y un móvil, pues, de lo contrario, el resultado habría sido un tanto artificial.

También es clave el uso que se hace del fuera de campo, ya que sirve para construir la mayoría de la trama. Así, aunque no tenemos flashbacks del personaje ni contraplanos de las personas a las que éste llama, podemos comprender todas las dimensiones de la historia sin que se pierda la intensidad.

Buried es una película que puede gustar o no, que puede hacer que el espectador se identifique en mayor o menor medida con la situación del personaje, pero hay que reconocer, en cualquier caso, la originalidad, la valentía y el atractivo de su propuesta.

Pablo Martí y Miguel Esteban


 


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Miguel Esteban Rebagliato

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